Stelle abrió los ojos con un parpadeo lento, sintiendo aún la niebla del desmayo sobre su cabeza. Lo primero que vio fue el rostro de su padre, justo a su lado, lleno de preocupación, pero suavizado por una sonrisa que buscaba darle calma. Su pecho se llenó de un calor inesperado, un consuelo silencioso que la sostuvo mientras todavía intentaba comprender dónde estaba.
—¿Qué me pasó? —preguntó, con la voz temblorosa, apenas un susurro entrecortado.
—Te desmayaste, cariño —respondió Travis, con dulzura, acariciándole la mejilla como quien intenta devolver la calma a un corazón roto.
Ese simple contacto la devolvió al presente, y entonces la avalancha de recuerdos cayó sobre ella como un torrente imparable.
Andrew. Beatriz. Sus miradas, sus palabras, los gestos que había visto y que ahora no podía borrar de su memoria.
Los ojos de Stelle se llenaron de lágrimas al recordar el momento exacto que había destrozado su alma: Andrew y Beatriz juntos, y la dolorosa certeza de que él todavía la