Amara sintió que el aire del despacho se volvía espeso, casi irrespirable. Había sostenido el llanto con todas sus fuerzas, pero al escuchar esas últimas palabras de Liam —esa duda hiriente, esa sombra que él dejaba caer una y otra vez sobre su hijo— algo dentro de ella simplemente se rompió. Su voz tembló, pero aun así salió firme, cargada de una mezcla peligrosa de dolor, dignidad y amor.
—¡Este hijo es tuyo! —exclamó, con la mirada empañada y el corazón latiendo con furia—. Puedes hacer todas