Un mes después, el aire parecía cargado de una energía distinta. La familia entera había estado ocupada preparando cada detalle, porque por fin había llegado el día de la boda de Stelle y Andrew, un evento que, aunque hermoso, arrastraba un torbellino de emociones ocultas bajo su superficie impecable.
Aquella mañana, Sídney estaba en la habitación principal ayudando a su hija a acomodar los últimos pliegues del vestido.
Era un diseño delicado, de un blanco perlado que hacía ver a Stelle como un