Mundo ficciónIniciar sesiónEn otro punto de la ciudad, en su penthouse, Sebastián Moretti no despertaba con la misma serenidad.
El estruendo del cristal al romperse fue el primer sonido que llenó la sala. Un jarrón carísimo, obsequio de una firma japonesa, yacía ahora hecho trizas sobre el mármol. A su lado, un portavasos de plata, doblado como una lata de refresco, reflejaba la violencia contenida de su dueño.
El eco de ese estallido rebotó por las







