Listos para arder.
La ciudad despertó con un rumor sucio y espeso flotando en el aire, como si alguien hubiese regado veneno en cada avenida antes de que el sol osara asomar su luz por el horizonte.
A esas horas, los titulares ya habían sido leídos por miles de personas y compartidos con dedos temblorosos, guiados por ojos hambrientos de escándalo y por bocas ansiosas de destruir reputaciones ajenas desde la comodidad del anonimato.
“¿Una esposa despreciada… o una estratega silenciosa?”
“El vínculo oculto entre I