Serena no durmió esa noche. No podía dejar de mirar el dinero, no podía dejar de pensar en el reproche de Jared, tenía razón. Había contado los billetes más de una vez era mucho más de lo que Alfred le había quitdo, era mucho dinero, muchísismo. No encajaba con sus manos. Estaba convencida de que el dinero no aparecía así sin arrastrar algo detrás. Angelo D´Auguro no le había pedido nada. Y eso era, precisamente, lo inquietante, pero más inquietante era el hecho de que ella lo había aceptado