Serena intentó retroceder cuando él dio un paso hacia ella, pero el cuerpo no le respondió. Las piernas le flaquearon sin aviso, como si el miedo hubiera drenado la poca fuerza que le quedaba. El mundo se le inclinó peligrosamente y apenas alcanzó a emitir un sonido ahogado antes de perder el equilibrio.
Angelo la sostuvo.
Sus brazos fueron firmes, inesperadamente cálidos. No bruscos. No posesivos. Solo… ahí. El contacto la descolocó más que el pánico. Su rostro quedó a la altura de su pecho y