Laurel
Las corrientes de las aguas serpenteaban por las rocas hasta caer en el arroyo, donde Liadrek estaba hundido hasta la cintura, con los ojos cerrados, dejándose curar por el líquido sagrado.
Su sonido era relajante. La brisa aportaba su frescura, las aves, sus cantos, y los árboles, su perfume natural mezclado con las flores que estaban a distancia, pero que regaban su aroma y cubrían con su fragancia toda la montaña.
—Bien, ahora utilizaré mi habilidad para detectar algún mal —le dije mi