Laurel
Regresé a la manada cuando ya el sol se estaba poniendo. Justo cuando entré, las luces empezaron a encenderse y las madres recogían a sus cachorros, quienes se quejaban y pedían que los dejaran jugar un rato más.
Suspiré y me dirigí directo al taller.
—¿Dónde estabas? —La voz de Liadrek me sobresaltó, pues al que menos esperaba ver era a él.
Mi cuerpo reaccionó al instante con sacudidas leves, mientras mi corazón latía eufórico por su presencia.
Ay, qué tonto, todavía se alegraba de ver