Kaia
De repente, hubo mucha tensión. Era como si la oscuridad hubiera irrumpido en la sala y la sensación de peligro amenazara con destruirnos.
Uy, ¡qué exagerados eran mis pensamientos!
Pero sí, así me sentí.
Al darnos cuenta de que teníamos mucho tiempo “abrazados”, Nevan y yo nos apartamos de un respingo rápido, ambos avergonzados ante las miradas perplejas de los demás.
Miré a papá por inercia y entendí esa oscuridad peligrosa que había percibido. Mi corazón empezó a latir con fuerza, de pu