Kaia
Una sensación fría se apoderó de todo mi cuerpo, y el dolor en el pecho era tan punzante que sentía que me asfixiaba. Traté con todas mis fuerzas de disimular mi tristeza y decepción, y que las lágrimas que ardían en mis ojos no se derramaran.
No aquí, no ahora.
Suspiré profundo y apreté los puños para contener todo lo que me torturaba por dentro. Entonces fingí una sonrisa y miré a Nevan directamente.
—Felicidades, veo que encontraste a tu mate. Me siento muy feliz por ti —lo felicité,