Corazones entrelazados
La propuesta de matrimonio llegó como un bálsamo después de la tormenta. El anillo era sencillo —platino con un diamante pequeño pero perfecto—, elegido por Fernando en una joyería antigua de la calle Serrano, sin ostentación. Esa noche en la terraza, con Madrid brillando a sus pies y el aire fresco de primavera entrando por las puertas abiertas, Valeria dijo sí entre lágrimas y risas. Se besaron largo, profundo, como si sellaran no solo un compromiso, sino toda la lucha que los había llevado ha