Fernando
Nunca creí que llegaría este día.
Había algo en las puertas de vidrio del centro, recién abiertas, que me revolvía el estómago. No por nervios. Era más profundo. Más real. Era la sensación de estar parado en un sueño, y que ahora tenía paredes, ventanas, personal contratado y un cartel en la entrada: Centro de Rehabilitación Emiliano, en memoria de aquel hermano que Valeria perdió, y que con su ausencia nos había dado un propósito.
El cartel brillaba bajo el sol matutino. Las letras do