Valeria
Nunca imaginé que planear una boda podría sentirse así: entre lo sublime y lo caótico, entre la risa nerviosa y la ternura más honda. Cada día traía una decisión, una visita al jardín, una prueba de sabores o una conversación infinita sobre flores. Los últimos meses habían sido un torbellino de emociones y decisiones que jamás pensé que tendría que tomar. ¿Rosas blancas o lirios? ¿Menú de tres tiempos o buffet? ¿Música clásica o jazz suave? Cada detalle parecía monumental, como si de él