Los días sin Gabriele no fueron días. Fueron intervalos suspendidos entre respiraciones largas, pensamientos que no encontraban descanso y silencios que me acompañaban como una sombra más. Me despedí de él al amanecer, con el rostro contra su pecho y los labios sellados de palabras que se quedaron atascadas en la garganta. No quise llorar delante de él. No quise mostrarle cuánto miedo tenía. Y aun así, él lo supo. Porque me sostuvo con una delicadeza que me rompió y me reconstruyó en un solo ge