Fueron cinco días que se sintieron como un soplo de aire fresco en medio del caos. Gabriele y yo nos habíamos marchado sin mirar atrás, con el corazón todavía palpitando por la reconciliación reciente, pero también con el firme propósito de reconectarnos en cuerpo, alma y deseo. Él lo planeó todo con una determinación que me hizo comprender cuánto deseaba recuperar cada instante perdido entre nosotros.
El lugar que escogió era un rincón alejado del mundo, una villa pequeña entre colinas cubiert