El primer día de regreso al Instituto fue una mezcla de emociones que apenas podía describir. Me había preparado la noche anterior con una mezcla de ansiedad y entusiasmo que me tuvo casi sin dormir. Elegí mi ropa con esmero, quería sentirme segura, pero también natural. El uniforme del Instituto Gastronómico era sencillo, pero llevaba mi nombre bordado en el delantal blanco, como una declaración pequeña y silenciosa de que estaba volviendo a vivir mi sueño.
Gerónimo fue el encargado de llevarm