Al principio no me afectó. De verdad. Entendía que Gabriele tenía obligaciones, responsabilidades que lo sobrepasaban y que no siempre podía controlar. No era ingenua. Sabía que dirigir el negocio de su familia no era algo sencillo, y menos aún con todo lo que había pasado los últimos meses. Pero cuando las ausencias comenzaron a repetirse, a alargarse, a volverse costumbre… entonces ya no pude fingir que todo estaba bien.
Comenzó como algo esporádico. Una reunión imprevista, una visita a Nápol