Yo seguía escuchando el relato de Teresa, nunca me habría imaginado a Don Antonio de esa forma, me era difícil pensar que un hombre como él se podría comportar de esa forma. O simplemente yo no podía imaginarlo.
—Con el tiempo, la señora Amalia y yo nos hicimos amigas. Yo era una chiquilla, sí, pero ella me hablaba como a una igual. A veces me pedía que la peinara, otras veces solo quería que me sentara a su lado en el balcón y le leyera en voz alta. Siempre en voz bajita. Como si temiera que