Los días comenzaron a pasar más rápido de lo que me hubiera gustado. Mis entrenamientos continuaban, aunque ya no eran tan intensos como antes. Ahora, los movimientos eran más fluidos, menos forzados. No tenía que pensar cada paso, como al principio; mi cuerpo empezaba a recordar por sí solo, como si de a poco las armas y yo comenzáramos a formar una sola unidad. Me gustaba esa sensación. No se trataba solo de defensa o estrategia, era una forma de recuperar control sobre mí misma. Mientras más