El vapor aún flotaba en el aire como una neblina suave y cálida cuando salimos del baño. Me envolví en una toalla y sentí el contraste del frescor en la piel que ya empezaba a secarse. Gabriele, detrás de mí, se secaba el cabello con otra toalla más pequeña mientras me miraba por el espejo con esa expresión suya que no sabía si era admiración, deseo o una mezcla peligrosa de ambas cosas.
Me reí en silencio. Qué irónico que un combate con él —tan físico, tan desafiante, tan tenso— hubiera termin