Me levanté como si nada. O al menos eso quise aparentar.
Sentí la mirada de Gabriele sobre mí desde el momento en que moví las sábanas. No dije una palabra. Me estiré como si hubiera dormido profundamente, como si el peso en el pecho no estuviera ahí, como si el recuerdo de lo que había escuchado la noche anterior no se repitiera como un eco sordo en mi cabeza.
Cuando llegó al cuarto, horas antes, me tocó suavemente el hombro, como si quisiera despertarme para hablar, para explicarse, quizás. L