—Nos vemos más tarde, Salva —le dije mientras me colgaba la mochila al hombro.
—Te espero aquí mismo —dijo él, apoyado en la puerta del auto, cruzado de brazos, con esa expresión inmutable que tan bien sabía usar.
Negué suavemente con la cabeza y me acerqué para que me oyera más bajo, con tono persuasivo.
—No hace falta que te quedes. Después de la clase tengo que esperar el resultado del examen de Lingüística, ¿te acuerdas? El que rendí la semana pasada. Si lo paso, puedo tomar ese otro ramo q