Me desperté con la piel aún caliente, como si el recuerdo de la noche anterior se hubiera quedado adherido a mi cuerpo. Al principio, no supe dónde estaba. Solo sentía el calor de un cuerpo masculino junto al mío, el aroma sutil y embriagador que ya reconocía como suyo, y el peso ligero de una manta cubriéndonos. Mis párpados pesaban, pero los abrí lentamente. La luz de la mañana se filtraba entre las cortinas, dibujando sombras suaves sobre la cama, y entonces lo vi.
Gabriele dormía a mi lado.