No sé en qué momento dejé de pensar con claridad. Tal vez fue cuando sus labios atraparon los míos con esa mezcla de ansiedad contenida y ternura devastadora. O quizás cuando sus brazos fuertes me alzaron con una facilidad que me hizo sentir ligera, como si no solo me levantara del suelo, sino también de todo lo que me ataba a mis miedos. Su beso… su beso era fuego líquido, una necesidad tan urgente que me encendió hasta la última fibra del cuerpo.
Me apreté a él sin pensar, mis brazos rodeando