No sabía cuánto tiempo había pasado desde que mis piernas me habían dejado de responder, desde que me derrumbé después del baño que me ayudó a tomar Teresa. La cama quería tragarse mi cuerpo debilitado. Todo era confuso, borroso, como una pesadilla que me atrapaba entre la fiebre y el miedo.
A lo lejos, en esa bruma de inconsciencia, escuchaba la voz de Teresa, aunque no lograba distinguir claramente lo que decía. Parecía estar discutiendo con alguien. Quise abrir los ojos, gritarle que me ayu