No podía creer lo que acababa de pasar. Era un desgraciado. Un maldito desgraciado.
Durante un buen rato me quedé paralizada, sentada en el suelo helado de esa habitación de castigo. Estaba completamente sola. El silencio era casi insoportable, interrumpido solo por el latido acelerado de mi corazón y mi respiración descompasada.
El lugar era deprimente. Un cuadrado de concreto sin ningún tipo de calidez o humanidad. Las paredes eran grises, frías, como si hubieran sido pensadas para apagar cua