La habitación era amplia, silenciosa, y solo interrumpida por los suaves pitidos del monitor que registraba cada uno de sus signos vitales. Una lámpara de pie en la esquina proyectaba una luz cálida y suave, como si el lugar hubiese intentado recrear una especie de hogar temporal para los que allí descansaban. A mí alrededor todo parecía detenido, quieto, como si el mundo supiera que ese instante no podía tocarse.
Gabriele respiraba con calma, el pecho se le elevaba con lentitud bajo las vendas