—Necesito hacer una llamada —pidió la humana, mientras sus dedos temblaban ligeramente.
No era solo el dolor físico. Era ese otro tipo de dolor: el de la culpa, el del abandono. De pronto, recordó que en algún rincón de la ciudad, un hombre la esperaba. Silas. Su compañero de piso. El que la había despedido con la voz baja, con esa súplica que ahora le dolía recordar.
“Solo regresa…”
Ella no había regresado. Y no porque no quisiera. Ya habían pasado varios días. ¿Qué habría sido de él?
Nyxara,