El salón resplandecía con luces doradas, velas flotantes y copas de cristal que reflejaban las risas ajenas. Desde fuera, parecía una noche de celebración; desde dentro, el aire pesaba como si supiera lo que estaba por ocurrir.
Kaelion entró con Nixara a su lado y, tomada del brazo contrario, Isolde. Ella lucía impecable: vestido rojo, escote medido, perfume envolvente, sonrisa de reina. Nadie habría imaginado lo que escondía bajo esa calma. Su mano apretaba con sutileza la de su esposo, como s