Isolde no estaba contenta con su padre; él le había mentido, la había utilizado para sus fines, sin pensar en ella, porque era ella quien cargaba la culpa, el dolor y el miedo por la muerte de aquellos que descansaban entre el hielo de Islandia. Pronto, en cualquier momento, los dioses podrían darle ese aroma, esa esencia a desterrada.
Al no haber un alfa que la desterrara, que le hiciera juicio, seguramente los dioses lo harían, y ella, sólo ella, cargaba con eso. Su padre estaba feliz, tranqu