El bar estaba envuelto en un silencio espeso, apenas iluminado por luces rojas y azules que parpadeaban como si quisieran ahogar el humo acumulado en el aire. La música sonaba lejana, como un murmullo que no lograba atravesar la densidad de la tensión entre ellas. Vida sostenía el vaso con la mirada fija en el hielo que se deshacía lentamente. A su lado, Milah tamborileaba con los dedos sobre la mesa, impaciente, sin atreverse a preguntar de inmediato.
Ella no había escuchado lo que aquel hombr