El sonido de los pasos y los murmullos llenaba el pasillo principal del hospital. El aroma a desinfectante se mezclaba con el del café que alguien había dejado sobre el mostrador de recepción.
Vida caminaba con una carpeta contra el pecho, saludando con un leve gesto a las enfermeras y médicas que la cruzaban. Había aprendido a moverse entre ellos con la naturalidad de quien ha rehecho su vida pieza por pieza.
—Buenos días, doctora —dijo una enfermera al pasar, con una sonrisa amable.
Vida res