La confesión fingida no solo había relajado la vigilancia de Marko; había transformado la energía misma de la suite. El aire, antes cargado con la tensión de un duelo a cuchillo, ahora circulaba con la pesadez de un matrimonio disfuncional pero establecido. Yo era la esposa convaleciente, él el marido atento. Y en este nuevo escenario, mi objetivo se afinó. Marko era una fortaleza inexpugnable por ahora, pero toda fortaleza depende de su eslabón más débil. Para mí, ese eslabón era Elara.
La enf