Roxana deja el microtransmisor sobre el posavasos. Luz roja, tres destellos, silencio. Felicia cierra cortinas. Andrea cubre la cámara del televisor con cinta. Tomás baja las persianas del pasillo. El pulso me golpea en las encías.
—No es el único micrófono —dice Roxana, señalando la base de la lámpara—. Hay otro activo.
Saca del abrigo una cajita negra. La enciende. Luz verde intermitente. Recorre el living sin ruido. Se detiene junto a la lámpara, mete dos dedos en la base y extrae otro bicho