El departamento respira como una máquina apagada que igual hace ruido. Me quedo quieta junto al lavaplatos y escucho el edificio como si fuera un tórax: un roce de cañería que suena a pleura, una luz de pasillo que exhala cuando parpadea, el aliento frío que entra por la ventana mal sellada. El olor es a cartón recién abierto y a cloro barato. Sobre la mesa, una bolsa de evidencia con la tarjeta gris de anoche: MAÑANA / SOLA. Felicia la sella sin discurso. Andrea deja a un lado la cinta de pape