Salgo del hospital con la sensación de haber dejado piezas suspendidas en el aire. No es una metáfora; es literal. Quedan solicitudes en revisión, un paciente que empezó a hablar y un correo que no cierra nada. Podría volver a subir y empujar un poco más, pero me conozco: el impulso de seguir a esta hora solo alimenta la niebla. Tomo el auto. Enciendo sin música. El tablero refleja la tarde como una lámina. Manejo tranquila, con el cuerpo todavía en modo turno.
El edificio de Tomás es sobrio, d