Salgo temprano porque conozco la forma en que se trabaja en este hospital: trámites que deberían tomar veinte minutos se estiran una hora; correos que parecen respuestas son avisos disfrazados.
Estaciono dos cuadras antes y camino. El hospital aparece largo, plano, con la fachada que refleja un cielo lavado. Entro por el frente. No uso la lateral desde hace días. Cruzo el hall con ese olor que nunca cambia, una mezcla amarga de desinfectante y café recalentado. Claudia me espera junto al módulo