Habíamos desaparecido de aquel lugar. Dejábamos atrás años de miedo, dolor, y secretos que nos habían perseguido sin tregua. La casa, la ciudad, todo parecía haber quedado atrapado en un pasado que ya no nos pertenecía. Lo único que importaba ahora era el presente: Daniel, mi madre, mi hija… y yo. Elena. Por fin Elena.
—¿Están seguras de que esto es lo que quieren? —preguntó Daniel mientras conducía por la autopista rumbo a Las Vegas. Su voz estaba firme, pero pude notar un hilo de emoción contenida.
—Sí —dije, tomando la mano de mi madre que estaba a mi lado—. Esto es lo que necesitamos. Necesitamos empezar de nuevo.
La pequeña balbuceaba en el asiento trasero, jugando con su juguete favorito. Apenas podía pronunciar palabras, pero cada vez que decía “mamá” mi corazón se derretía.
—¿Y tú, mi amor? —le dije, girándome hacia la niña—. ¿Quieres ir a casarnos con mamá y papá?
Ella me sonrió torpemente, y eso fue suficiente para que Daniel y yo soltáramos una carcajada.
—Entonces está dec