Jamás imaginé que una luna de miel pudiera sentirse como un segundo nacimiento, teníamos tres meses viajando, Daniel era un hombre influyente,con demasiado dinero, jamás imaginé que mi amigo. complice y médico, se convertiría en mi esposo.
Me desperté con la frente apoyada en el pecho de mi esposo, con su brazo pesado alrededor de mi cintura como si el mundo entero dependiera de mantenerme ahí. Cuando abrí los ojos, lo primero que vi fue la ventana del hotel: completamente empañada por el frío