La cena fue servida justo cuando la música bajó de volumen y las luces se hicieron más cálidas. Yo estaba todavía acomodándome en la silla cuando Daniel se acercó a Maritza y, sin pedir permiso, le quitó a Camila de los brazos con una naturalidad que me desarmó por completo.
—Dámela, yo la alimento —dijo él con una voz tan suave que incluso Maritza se sorprendió.
Camila abrió los brazos hacia él como si lo hubiese estado esperando todo el día. Daniel la sentó sobre sus piernas, la acomodó con c