Volví a sentarme en la encimera con una taza de café recién hecho, en la misma cocina donde Lara se había retirado hace rato. El silencio empezaba a parecerme sospechoso. Demasiado silencio para una casa donde vivía yo.
Fue entonces cuando escuché el sonido. Ese abrir y cerrar de puerta suave, preciso. Sin apuro, pero con esa clase de firmeza que solo él tenía. Mis dedos rodearon la taza con algo que no era impaciencia, pero sí curiosidad disfrazada de desinterés. No tardó en aparecer por la pu