Clara pasó el resto de la mañana funcionando en automático.
Daba indicaciones, ajustaba cinchas, corregía posturas… pero por dentro seguía atrapada en la escena de hacía unos minutos. Marcus interponiéndose sin darse cuenta. Álvaro provocando como si nada. Y ella, incapaz de cortar de raíz ninguna de las dos cosas.
—Clara —la llamó Marta—. ¿Te encuentras bien? Llevas toda la mañana en la luna.
—Sí —respondió rápido—. Solo cansada.
Mentía mal. Y lo sabía.
A media mañana, Marcus volvió. Esta vez