Límites invisibles

Clara pasó el resto de la mañana funcionando en automático.

Daba indicaciones, ajustaba cinchas, corregía posturas… pero por dentro seguía atrapada en la escena de hacía unos minutos. Marcus interponiéndose sin darse cuenta. Álvaro provocando como si nada. Y ella, incapaz de cortar de raíz ninguna de las dos cosas.

—Clara —la llamó Marta—. ¿Te encuentras bien? Llevas toda la mañana en la luna.

—Sí —respondió rápido—. Solo cansada.

Mentía mal. Y lo sabía.

A media mañana, Marcus volvió. Esta vez no estaba solo.

Venía con una mujer.

Alta, elegante, vestida con una sobriedad impecable. No necesitó presentación para que Clara entendiera que Elena no era una cualquiera. Había algo en su forma de caminar, en cómo miraba el entorno, como si ya supiera que ese lugar no le pertenecía… pero aun así pudiera dominarlo.

—Clara —dijo Marcus, acercándose—. Te presento a Elena.

Elena sonrió. Una sonrisa educada, medida, de esas que no revelan nada.

—He oído hablar mucho de ti —dijo—. Mara está encantada con las clases.

—Me alegro —respondió Clara, sintiendo una presión rara en el pecho—. Es una niña maravillosa.

—Lo es —dijo Marcus, mirándola un segundo más de lo necesario antes de apartar la vista.

Ese gesto no pasó desapercibido para Elena.

—Marcus me ha hablado de este sitio —continuó ella—. Y de ti. Dice que eres… especial.

Clara no supo qué contestar. Miró a Marcus, buscando una explicación, pero él parecía incómodo por primera vez desde que lo conocía.

—Solo hacemos nuestro trabajo —dijo Clara finalmente, bajando el perfil.

—Claro —respondió Elena, observándola con atención—. El trabajo.

Hubo un silencio incómodo.

Marcus carraspeó.

—Elena quería ver dónde monta Mara. Quizá se quede un rato.

—Por supuesto —dijo Clara—. Cuando vuelva otro día, estará encantada.

Elena asintió, pero no se movió.

—¿Y tú llevas mucho tiempo aquí?

—Lo suficiente —respondió Clara.

—Se nota —dijo Elena—. Tienes… carácter.

No fue un halago ni un ataque. Fue una constatación.

Mientras Marcus se alejaba unos metros para atender una llamada, Elena se acercó un poco más a Clara, bajando la voz.

—Marcus no suele implicarse así con la gente —dijo—. Menos aún en cosas pequeñas como estas.

Clara la miró de frente.

—Para mí no es algo pequeño.

Elena sonrió de nuevo. Esta vez, con algo más de frialdad.

—Eso es lo que me preocupa.

Marcus regresó justo entonces, rompiendo el momento.

—Tengo que irme —dijo—. Pero volveré luego a por Mara.

Miró a Clara.

—Luego hablamos.

No fue una pregunta.

Clara asintió, con el estómago encogido.

Cuando se quedaron solas, Elena observó el picadero en silencio.

—Es curioso —dijo finalmente—. Los lugares así siempre sacan lo peor y lo mejor de las personas.

—¿A qué te refieres? —preguntó Clara.

—A que aquí es fácil olvidar los límites —respondió Elena—. Y Marcus… no suele olvidarlos.

Aquello dolió más de lo que Clara esperaba.

—No creo que Marcus necesite que nadie lo cuide —dijo, con voz firme.

Elena la miró con interés.

—No. Pero tú tampoco.

Se despidió poco después, dejándola con una sensación incómoda, como si hubiera sido advertida… o evaluada.

Horas más tarde, cuando el sol empezaba a caer, Clara estaba guardando material cuando Marcus volvió. Esta vez solo.

—¿Todo bien? —preguntó él.

—Sí —respondió ella—. Elena es… interesante.

Marcus suspiró.

—Siempre lo es.

Se quedaron en silencio unos segundos.

—Clara —dijo él—. Lo que te dije antes… sigue en pie. Me importa que estés bien.

Ella lo miró. De verdad esta vez.

—Marcus… ahora mismo mi vida es un lío.

—Lo sé —respondió—. Y aun así, aquí estoy.

Ese “aun así” fue lo que la desarmó.

No pasó nada más.

No hubo confesiones.

No hubo contacto.

Pero cuando Marcus se fue, Clara supo algo con certeza inquietante:

Elena había visto más de lo que Clara quería admitir.

Marcus estaba empezando a elegir sin saberlo.

Y Álvaro… no tardaría en reaccionar.

Nada estaba quieto ya. Y ella tampoco.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP