El silencio de la mañana caía sobre la hípica como un peso. Clara estaba sola, ajustando las riendas y revisando los cascos de los caballos, intentando que Mara no notara que algo en ella había cambiado. Cada gesto de la niña, cada risa despreocupada, era un recordatorio de la noche anterior, de lo que había cruzado con Marcus y de la culpa que la devoraba desde dentro.
El aire parecía más denso de lo normal, cargado de la electricidad que había quedado entre ellos. Cada paso que daba, cada mov