Tuvieron un rato extenso y el final del día llegó con Álvaro marchándose, dejando tras de sí un eco de tensión imposible de ignorar. Clara se quedó apoyada en la encimera, mirando la puerta cerrada, con el corazón acelerado y la mente llena de preguntas.Porque entendió algo que no podía ignorar: su vida no volvería a ser tranquila hasta que decidiera qué quería de verdad y con quién. Y mientras Mara y Marcus seguían en la hípica, ajenos a todo esto, Clara sabía que el próximo encuentro con Marcus cambiaría las reglas del juego.Clara apenas durmió.No fue insomnio exactamente, sino ese estado incómodo en el que el cuerpo descansa pero la cabeza no se calla. La imagen de Álvaro apoyado en el marco de su puerta seguía ahí, clavada como una espina. Y, por debajo de todo, la presencia silenciosa de Marcus, constante, firme, imposible de ignorar.A la mañana siguiente, se vistió con más cuidado de lo habitual. No por vanidad, sino por necesidad: necesitaba sentirse entera, dueña de sí mis
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