La lluvia caía fina sobre la hípica, golpeando los ventanales y creando un sonido rítmico, casi hipnótico. Clara estaba sola, recogiendo las riendas y ajustando las últimas sillas de montar después de un día pesado. Su cuerpo todavía vibraba con la tensión de los últimos encuentros con Marcus y, aunque intentaba no pensarlo, cada roce, cada mirada reciente seguía clavado en su piel.
El sonido de pasos suaves la hizo mirar hacia la entrada. Marcus estaba allí, empapado, con la chaqueta pegada al