—No importa. —La respuesta fue inmediata, cargada de rabia y determinación—. No me importa. Yo no pedí ser líder. Podemos irnos, como Amadeo y Lucía. Solo nosotros dos.
Sareth parpadeó, sorprendida por esas palabras. Durante un instante, la imagen de un futuro juntos, lejos de todo, se formó en su mente. Un lugar donde nadie los juzgara, donde nadie les dijera qué podían o no podían sentir. Sonaba tentador. Sonaba demasiado perfecto. Pero al pensarlo más, se dio cuenta de que no era lo que quer