Kael y Sareth regresaban al castillo en silencio. El eco de sus pasos se mezclaba con el crepitar de las antorchas que iluminaban tenuemente el pasillo de piedra. El aire estaba impregnado de humedad y del olor a hierro que siempre flotaba en las murallas de la fortaleza. Ella caminaba a su lado, sin mirarlo, pero ambos sabían que entre ellos había algo suspendido, imposible de ignorar.
El recuerdo del beso a orillas del río aún ardía en los labios de Sareth. Un fuego extraño, intenso, que le h