Mundo ficciónIniciar sesiónKael no había podido dormir. Ni un segundo.
El castillo había vuelto a la calma después de la visita de los demonios, pero él seguía sintiendo la vibración que había marcado su día: la sombra que Sareth dejó, la energía que se le escapó apenas un instante antes de ser arrastrada de vuelta.
Esa chispa seguía ahí, incrustada en su aura como una espina luminosa.
No podía ignorarla.
No quería ignorarla.
En cuanto amaneció —o lo que los ángeles llamaban amanecer, esa luz suave que nunca necesitaba sol— Kael bajó hacia la cámara inferior del castillo: una sala circular hecha para resonancia áurica, u







