27. Huella digital
El silencio del refugio era más denso que el ruido de la ciudad.
Una cabaña vieja, con paredes que crujían al ritmo del viento y una estufa que apenas lograba mantener el calor. La lámpara sobre la mesa parpadeaba como si dudara en seguir viva, lanzando destellos intermitentes sobre los rostros cansados. El olor a madera húmeda se mezclaba con el de la lluvia, filtrándose por cada rendija.
Fran estaba herido. No lo decía, pero el corte en su brazo hablaba por él.
—No es nada —insistió.
—Decime